El modelo político resulta útil para tomar decisiones en situaciones inciertas,
y ello se da en muchos casos cuando los directivos persiguen objetivos diferentes,
y se requiere tomar decisiones, lo cual implica conversar para compartir la información
y llegar a un acuerdo que favorezca una meta determinada. Tomar decisiones en muchos casos resulta ser
complejo sobre todo si la información es ambigua, y produce desacuerdos y
conflictos en determinado momento, no obstante ello puede ser considerado
práctica común.
El modelo político tiene presente algunos supuestos a considerar, y uno
de los más trascendentes es por ejemplo;
que las organizaciones se componen de grupos con intereses, metas y
valores diversos. En este sentido, es
esencial como tarea de la alta gerencia llegar a acuerdos en función de
unificar criterios en relación a la meta y valores comunes.
Para Chacín (2010), el
modelo político, describe la toma de decisiones de las personas para satisfacer
sus propios intereses. El mismo autor señala, que las preferencias basadas en
metas personales egoístas rara vez cambian conforme se adquiere nueva
información. Por tanto, la definición de los problemas, la búsqueda y
recopilación de datos, el intercambio de información y los criterios de
evaluación son sólo métodos utilizados para predisponer el resultado a favor
del que toma la decisión. Por tanto, el modelo político hace gala de que las decisiones son el
resultado de la competencia y la negociación entre los grupos de interés y los
líderes claves.
Cabe
destacar, que las acciones no siempre son necesariamente racionales y el
resultado no es lo que un individuo precisamente desea o espera. De allí, que habitualmente
en las instituciones se generan distintos conflictos, por causas como por
ejemplo: la concentración de poder, los intereses personales, y todo ello es
vasta muestra de los desconciertos que constituye la política.
Sandra Aparicio

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